Aquel domingo nos reunimos con nuestros amigos y decidimos recorrer el Paseo Nuevo y contemplar el mar. Éramos unos cuantos con algunos niños. Hacia la mitad del recorrido pasamos por una zona en la que había una hermosa terraza y algunos insistieron en que nos sentáramos a tomar algo y así descansar un rato. Yo advertí que todas las mesas próximas al mar estaban ocupadas y únicamente había un par de ellas en el centro y además con unas sillas raras, como de medio huevo, que así a primera vista debían ser muy incómodas. No me sirvió de nada ya que todas las señoras, incluso la mía, decidieron lo contrario. Nos acomodamos como pudimos ante la mirada sonriente de quienes estaban a lo largo y sentados además en sillas normales.
Datos personales
Pequeñas historias, cuentos, anécdotas o relatos para contar a mis nietos. Para: Laura, Elena, Carlos, Irene, Max, Enrique, Javier, Elisa, Fernando y Nicolás.
Traductor
02 julio 2012
Paseo familiar
Aquel domingo nos reunimos con nuestros amigos y decidimos recorrer el Paseo Nuevo y contemplar el mar. Éramos unos cuantos con algunos niños. Hacia la mitad del recorrido pasamos por una zona en la que había una hermosa terraza y algunos insistieron en que nos sentáramos a tomar algo y así descansar un rato. Yo advertí que todas las mesas próximas al mar estaban ocupadas y únicamente había un par de ellas en el centro y además con unas sillas raras, como de medio huevo, que así a primera vista debían ser muy incómodas. No me sirvió de nada ya que todas las señoras, incluso la mía, decidieron lo contrario. Nos acomodamos como pudimos ante la mirada sonriente de quienes estaban a lo largo y sentados además en sillas normales.
20 marzo 2012
Fin de Año en el Cristina
13 febrero 2012
La Pieza
09 febrero 2012
Gatos
26 enero 2012
Petardos 2

El señor Braulio, dueño de la casa, ascendía tranquilo hacia el segundo piso cuando se encontró de bruces con la humareda chisporroteante y en un momento, pegado a la pared, cambió su aspecto venerable por una mueca acartonada, temeroso de que se hundiera su propiedad, cuando la inesperada amenaza hizo al fin explosión bajo sus pies con horroroso estampido que le dejó sordo y tembloroso, sin acertar a meter la llave en la cerradura.
Petardos
Procesión
Propagandas
Invisible
Publicado en “Cuentos alígeros” de Editorial Hipálage.
04 febrero 2011
Un cuento para el abuelo
01 marzo 2010
POST HASTE, by Colin Howard
Is it you, dear? At last! You’re late, aren’t you? I was beginning to worry. Did you post the letter?
- The letter! You can’t imagine my adventures to post that damned letter of yours! Oh! I’m terribly tired!
- What an extraordinary little husband you are, dear! You only go to post a letter and get involved in adventures! I’ll have to be careful next time and not let you have the opportunity…Ha! Ha!
- If you give me the opportunity, dear, I’ll explain to you the whole affair.
- The affair, now?
- Please, don’t talk nonsense, dear, and listen. I went with the letter to post it, you know…
- Did you do it, at last?
- Please, listen. And don’t be so anxious as it’s a long story. I went … Well, I’ve told you that. The matter is that you gave me it unstamped and I didn’t have any coppers on me, so I had to stop the first pedestrian I met and ask him to lend me threepence…
- Did you have the courage?
- Fortunately, he was one of our neighbours, but he hadn’t either.
- What did you do, then?
- Nothing. He was so polite that took me home to lend me the money and as I didn’t know the way to the Post-Office he also accompanied me, but the automatic stamp-machine was empty…
- Dear me!
- That isn’t all. I dropped your letter face downwards on the pavement and it got mud on it…
- I think you did not bother posting it, did you?
- You are wrong! As I knew your insistence about posting it I went to his home to look for a book of stamps, but it was empty, too.
- I see you weren’t able to send the letter, then.
- Yes, I was! I hurried up not to miss the last collection.
- But, haven’t you told me you failed to get a stamp?
- Please, listen. Our neighbor recommended me the only thing that could be done. I sent the letter unstamped.
- And did you send our invitation to dinner unstamped and full of mud? What an unpractical husband you are! You could have put it under the door, so simply!
- But don’t get angry, dear, the consignee will only have to pay double postage in the morning…
- Did you thank that kind neighbor at least? I wonder who he is…
- That’s the problem. At the end I remembered that he is the person whom our invitation was sent…Ji.ji, because the house of his, where I was twice, had the same address as that on the envelope of your letter… Ji, ji.
- What a stupid little husband you are! You do nothing to help me! You always do wrong things! You’re a useless little man! You are…
20 febrero 2010
THE LUNCHEON, by W. Somerset Maugham

(As the waiter might have told it)
- Well, dear, I’m tired! What did you do?
- The usual things, you know, take care of the children and keep the house clean. Did you see anything interesting?
- Well, I saw a curious couple at the restaurant.
- Were they common people to have lunch there?
- Not exactly. But not the kind of customers I’m used to meeting at work. I say, the woman was a middle aged one, smartly dressed and obviously used to the place.
- Was not the man at her level?
- I don’t know. He looked like a clever fellow, because he was speaking all the time and the lady seemed very interested in everything he said, but he was wearing old fashioned clothes and looked a little worried when he saw the delicate foods on the bill of fare, for the prices, I presume.
- Was he younger or older than the woman?
- He was a young man in his twenties.
- Then he must had been afraid of finding himself short if he couldn’t afford such a luxury restaurant. Did he look like her lover?
- No, I don’t think so! He was polite and hospitable, but not effusive.
- What did they have for lunch?
- That’s the point. She had salmon, caviar, giant asparagus, an ice-cream and coffee.
- And he?
- The poor devil ate only a mutton chop and a cup of coffee. She drank champagne but he didn’t.
- Did he drink wine?
- No, he only drank water and when they were waiting for the coffee, Dubois, the head waiter, put on the table a large basket of peaches.
- Peaches?
- Yes, they’re not in season of course and they’re very expensive.
- He won’t have given you a good tip. Will he?
- Of course not! Only three francs.
- Well, dear, what would you like to have for dinner?
- I’m not hungry. Only a mutton chop…
12 enero 2010
Miopía

El padre de mi joven compañera Mary Carmen, riojana como yo, era un viejecito afectuoso y risueño, de baja estatura y bastante miope, que se paró a saludarnos en una calle de San Sebastián. Yo iba con mi hijo que tendría entonces diez o doce años. Cambiamos unas palabras y le confirmamos que por la tarde nos iríamos a Logroño en coche toda la familia para pasar unos días. Ellos también, Mary Carmen con su hijo y sus padres, irían en
Al día siguiente, ya en Logroño, paseaba junto a la casa de mis padres por
16 diciembre 2009
Mi Primo Antonio


02 agosto 2009
ANTONINO
Quiero hacer un homenaje a mi abuelo Antonino Sáenz-Díez Moreno. Ni siquiera mi padre lo conoció, porque cuando tenía cuatro meses y seis hermanos lo mataron a traición tras una leve discusión de trabajo. Tenía cuarenta años y trabajaba como carretero en la empresa de coches de viajeros de Valluerca y Compañía, en Torrecilla en Cameros (La Rioja), de donde era natural. Había conducido durante años los coches de Villanueva, por lo que era muy conocido en Cameros. Pero aquel 16 de diciembre de 1906, frío y oscuro a las cinco de la tarde, cuando intentaba otear la carretera ascendente por la que llegaría Víctor, el mayor de sus hijos, conduciendo la diligencia, Baldomero Mena lo mató por la espalda golpeándole en la cabeza con una “madrina” de coche.
Obsesionado siempre con estos hechos, he tenido la suerte de indagar y descubrir los viejos diarios de “La Rioja” donde se reflejaban primero los sucesos luctuosos y el vergonzoso juicio que siguió después. Las primeras manifestaciones espontáneas son más fiables que los posteriores apaños. Y así en el diario en el que se daba cuenta de lo ocurrido se dice que “entre ellos no había resentimiento alguno, pero tuvieron una pequeña cuestión que pareció apaciguarse”. Para justificar lo injustificable el propio fiscal sostuvo la atenuante de no haber tenido la intención de causar un mal tan grave. Y el abogado señor Muñoz mantuvo que el hecho no constituía delito alguno por haber actuado el procesado en legítima defensa. Y hasta los peritos médicos, Cayetano Melguizo, Eduardo Orío y Félix Martínez Val, diagnosticaron que la rotura de la arteria media meníngea podía haber sido producida por otras causas y no necesariamente por el golpe asestado. Los testigos se mantuvieron firmes sin embargo en que se trató de una agresión y el Jurado afirmó la culpabilidad del procesado al que se condenó a la pena en su grado mínimo de seis años y un día de prisión mayor y 2.000 pesetas de indemnización, pues todos los juzgadores estuvieron de acuerdo en aplicar las atenuantes. 13 junio 2009
La Carta Tonta
Me disponía a patear mi tarjeta cuando recibo una nota aclaratoria diciendo que figuraron 41 puntos cuando realmente fueron 1.041 ¡Eso es otra cosa! Al menos no quedaré como un roñoso, pues se ve que he consumido moderadamente. Pero voy a prescindir de mi tarjeta para que mi Caja no se complique la vida, me premie tan generosamente y me tenga que enviar otra carta tonta.
Publicado en: "Más cuentos para sonreir", libro recopilatorio de los relatos seleccionados del II Premio Algazara de Microrrelatos de Editorial Hipálage.
01 mayo 2009
Piedras
Residía largas temporadas en el Hotel hasta que las lluvias otoñales la obligaban a volver a su casa junto al Rhin. Tenía un gesto displicente tras sus lentes diminutas que solía cambiar en una mueca que quería ser sonrisa cuando la atendían las camareras o los encargados, pero no era puntillosa ni se quejaba inútilmente. Salía un par de veces del Hotel, después de su desayuno continental y a media tarde para recorrer las callejuelas próximas al puerto y los bares estrechos, para poder observar con interés a la gente variopinta que en ellos se albergaba. Llevaba un bolso grande en bandolera que algún menguado inculto le arrebató con violencia y gracias a la intervención decisiva del director del Hotel ante la policía se abortó un conflicto serio con Alemania al devolverle casi inmediatamente su pasaporte y todas sus pertenencias menos el dinero. Pero ese altercado enojoso debió marcarla sin duda pues en días sucesivos reanudó sus salidas peligrosas con su bolso en bandolera, aunque en el Hotel se aseguraba que sólo lo llevaba lleno de piedras y se volvió a su país sin que hubieran vuelto a robárselo nunca más.

23 abril 2009
La Lectora Intermitente
Tomé en Mercat de la Guineueta el autobús de la línea 47, como todos los días, para dirigirme a la Pl Catalunya. A esa hora hasta podía sentarme y enfrascarme en mi periódico. Era la primera diversión del día y disfrutaba así del largo trayecto y casi en su término, llegando a la parada de Bruc-Còrsega, observé a una señora dispuesta a apearse. Tal vez otros días yo iría distraído con mi lectura y no habría reparado en ella. De mediana edad, con hermosos ojos azules y una figura admirable, llevaba en la mano un librito bien encuadernado y se quitaba unas gafas que aún mejoraban su atractivo.Al día siguiente repasé con la vista los viajeros y al descubrirla tuve que cambiarme dos veces de asiento para aproximarme a ella, pero cuando intentaba intuir qué tipo de lectura atraía su atención se quitó las gafas y se puso en pie para apearse en Bruc-Provença, la parada siguiente en la que lo hizo el día anterior.
El miércoles ya no desplegué el periódico y a pesar de mis argucias por acercarme conseguí únicamente cerciorarme de que leía poesía, dada la disposición de las páginas de su libro. Habíamos rebasado ya las paradas de los dos días anteriores y pensé que se le habría olvidado apearse en su sitio, pero con aplomo guardó sus gafas y se dispuso a bajar en Bruc-Aragó.
Este relato ha participado en la 3ª Edición del concurso de relatos cortos de TMB organizado por Transports Metropolitans de Barcelona.
Entrada reeditada el 26/04/2008.
26 marzo 2009
Cuatro Estrellas
Pero en los comienzos de los setenta llegó a ser problemático mantener la ocupación de sus más de cien habitaciones y la dirección decidió apostar por un cambio y democratizar el tipo de clientela por otra si no tan exclusiva no menos pudiente y consideró las posibilidades emergentes de la tercera edad, con sus constantes desplazamientos en busca de sol, diversión moderada y buena comida. El ambiente selecto que ofrecía el hotel y su historia de tantos años, con un personal muy especializado y estable, contribuiría con seguridad a lograr los objetivos.
Así, las agencias europeas ofertaron viajes para personas mayores en un ambiente de lujo y distinción y comenzaron a llegar los primeros autobuses procedentes de los aeropuertos próximos, con personas muy joviales dispuestas a disfrutar de la vida y del clima suave tan diferente del de sus países de origen.
Sin embargo, el uso inmoderado de las bebidas, las comidas copiosas y el consumo no recomendado de ostras y almejas o la novedad del pez espada ahumado, de alto contenido en mercurio, habían contribuido a aumentar considerablemente el trabajo del médico del hotel, e inevitablemente, cada fin de semana, se producía algún óbito, lo que acabaría generando una imagen muy negativa para los intereses de la compañía hotelera.
Había que actuar con total discreción y se dispuso un protocolo para aislar en lo posible la parte luctuosa del general ambiente festivo, por lo que una vez surgido un problema de este tipo se personaba el Médico que certificaría la defunción y se trasladaría al extinto a una habitación del piso bajo, con vestíbulo para el posible duelo, y en zona totalmente separada del paso del personal. El apuesto Jefe de Recepción, con personal de toda confianza se encargaría de disponer el traslado, así como de confortar a la viuda o allegados y proponer las ayudas de todo tipo, aunque la parte más delicada estaría por venir, pasadas las veinticuatro horas de rigor y siempre de noche, avisados oportunamente el responsable de la funeraria y el retén del cementerio. El citado señor y sus colaboradores se pasearían por los jardines esperando a que todas las luces de las habitaciones se apagaran y es cuando el desgarbado funerario haría su aparición con su motocarro y la caja. Parece mentira que no dispusiera de un vehículo más silencioso y amplio para tamaño cometido, pero esto es lo que había.
Apagadas las luces y bajo las sombras protectoras de la espesura se abría el balcón de hierro forjado y se deslizaba al finado, no sin esfuerzo, hasta el césped, introduciéndolo luego en la caja dispuesta junto a él. Después, entre todos, colocaban la caja en el motocarro y con el característico petardeo del vehículo, seguido por el “seiscientos” del Jefe de Recepción, iniciaban su fúnebre marcha hasta la morada definitiva del malogrado cliente.
26 enero 2009
Primeras filas
A pesar de los avances de los modernos tiempos a Fermín le seguía gustando el Circo y no se cansaba de acudir a las ferias de las ciudades que visitaba. Siempre había ido a los asientos altos de general, que eran un poco incómodos y hasta peligrosos para acceder a ellos, pero eran los más baratos y se disfrutaba de la vista completa de la pista. Pero un buen día su jefe, que conocía su afición, le regaló una entrada de primera fila para un circo que se anunciaba a bombo y platillo. Traía animales salvajes como atracción principal, pues apenas se ven por los costes que acarrean de transporte y manutención y suelen sustituirse por payasos no muy afortunados que entretienen y atraen a los niños. No, donde esté un buen domador que mantenga a raya con su látigo a varias fieras a la vez que se quiten otros números.Ignoraba el pobre diablo que hay que tener mucha sangre fría para sentarse impávido junto a la pista y no ser objeto de befa para los payasos poco profesionales, a los que resulta más fácil provocar la risa de la gente ridiculizando a cualquier espectador. Tuvo además la poca fortuna de elegir una indumentaria inadecuada y bastante llamativa pues se puso unos pantalones rojos y una corbata del mismo color y fue requerido por el mago ilusionista que le troceó la corbata y se la devolvió luego de color amarillo para que “no pareciera que era un pimiento”. Pero todo lo soportó con resignación hasta que anunciaron la próxima aparición de las fieras.
Siempre le sorprendía la gran cantidad de acomodadores que pulverizaban sustancias odoríferas para neutralizar las exhalaciones animales, pero a los pocos instantes de aparecer los elefantes el ambiente se hacía irrespirable pues sus emanaciones deletéreas provocaban las náuseas de la concurrencia. Pero cuando se presentaron las seis leonas y el hermoso ejemplar de león africano la gente comenzó a cambiar de color y varias señoras enjoyadas se levantaron con prisas, presas de atroces arcadas, incapaces de soportar la función ni un momento más. Los hombres, por vergüenza, mantenían el tipo con caras marcadas por el asco. Fermín ya no sería el mismo pues la repugnancia le impidió valorar la actuación de los domadores, haciendo de la función un revulsivo que le alejaría de las pistas en el futuro.
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